“Normales”, Discapacitados y Superdotados: mismas necesidades sociales y educativas

¿Qué es la normalidad? La Real Academia Española (RAE) ofrece tres acepciones del adjetivo “normal”. La primera y la tercera se refieren a cosas, no a personas: “que se halla en su estado natural” y “que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano”. La segunda lo define como “que sirve de norma y regla”.

qué es ser normal

En definitiva, la definición de esta palabra, según el diccionario español por el que se rige el uso de nuestra lengua, impide aplicarla a un ser humano, lo que también debería replicarse en su antónimo “anormal”. Sin embargo, no es así: “persona cuyo desarrollo físico o intelectual es inferior al que corresponde a su edad”.

La historia de los individuos que tienen deficiencias físicas o mentales, sobre todo estos, es la que está en la raíz de este último término, lo que nos hace volver a la pregunta inicial. Lo que hoy es normal, hace unos años era impensable. Por lo tanto, quién decide qué o quién deja de merecer el adjetivo; cuando un elemento dentro de la sociedad es raro y único, se considera anormal.

El sistema de enseñanza español es inclusivo, es decir, permite la interacción de todos las personas desde que empiezan la escolarización a los 3 años de edad. El Real Decreto 696/1995 explica que estarán en centros de educación especial “los alumnos con necesidades educativas especiales asociadas a discapacidad psíquica, sensorial o motora, graves trastornos del desarrollo o múltiples deficiencias que requieran a lo largo de su escolarización adaptaciones curriculares significativas en prácticamente todas las áreas del currículo, o la provisión de medios personales y materiales poco comunes en los centros ordinarios y cuando se prevea, además, que en estos centros su adaptación e integración social sería reducida”. En caso contrario, se educarán dentro del sistema ordinario.

sistema educativo español inclusivo

Este hecho supone todo un reto para el colegio que acoge a los niños más vulnerables, niños que incluso pueden ser objeto de acoso escolar, como todo aquel que se sale de lo que consideramos normal, poniendo en riesgo su integración en la sociedad y en su entorno, donde va a vivir. Es por ello que el centro necesita disponer de las herramientas precisas para evitar estas situaciones. El concurso de los profesionales adecuados -psicopedagogos, psicólogos, especialistas en terapia ocupacional, logopedas,…-, junto con una buena formación del profesorado, son participantes necesarios para llevar el objetivo de la integración a buen término, algo en lo que puede ayudar GlobalNET Solutions.

Asimismo, como veíamos, existen centros para aquellos casos en los que la integración dentro de la sociedad sea más complicada. En ellos, se ayuda a las personas a adquirir los conocimientos y habilidades necesarias para poder integrarse en ella con la máxima independencia posible. Entran en los centros a los 3 años y pueden estar hasta los 21, en que, si se da el caso, pueden pedir plaza en centros residenciales.

Cuando hablamos de educación especial o de personas con necesidades educativas especiales (nee), que es lo mismo aunque la última opción suene mejor, muchas veces nos olvidamos de otro grupo de individuos que también necesitan la atención y la preparación personalizada de sus antagónicos. Nos referimos a los niños superdotados.

Al igual que ellos, pueden ser objeto de acoso escolar y requieren de unos profesionales que les ayuden a conseguir lo máximo de sí mismos.

educar en igualdad

La página educacion.de define a la persona superdotada como “aquella que presenta una capacidad intelectual superior a la media estipulada”. Es a través de un test y con la escala David Wechsler como se mide el coeficiente intelectual. Si es superior a 130, estamos ante uno de estos individuos.

No obstante, el sobrepasar tal cifra puede ser contraproducente porque se olvidan otro tipo de habilidades necesarias para el correcto desarrollo personal. Entre ellas está la inteligencia emocional, que recoge la gestión de nuestras propias emociones, para entendernos a nosotros mismos y a los demás. Es, por lo tanto, vital para vivir en sociedad; si es algo necesario en cualquier niño y adulto, más lo es en estos casos, donde la brillantez intelectual puede crear individuos discapacitados, tanto como lo pueden ser los que tienen un coeficiente intelectual muy por debajo de la media.

Así pues, es importante señalar que cada uno de nosotros somos seres únicos e irrepetibles. Cuanto la educación sea más personalizada y completa, toda la sociedad acabará sintiendo las consecuencias positivas. Los discapacitados física, psicológica o intelectualmente también ha de disponer de herramientas para poder participar en su entorno y evitar situaciones como las que nos ha ofrecido la historia. Lo mismo ocurre con los superdotados, quienes han de tener la oportunidad de desarrollar su potencial sin que eso menoscabe su relación con sus semejantes, a los que consideramos como “normales”.

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