Entidades Financieras y Tecnología: la necesidad de un marco regulatorio específico

Llevamos tiempo oyendo hablar de entidades FinTech e InsurTech, es decir, aquellas donde la tecnología y la innovación, sea en el sector financiero o en el asegurador, son protagonistas en los productos y servicios que ofrecen.

Muchas de las empresas que lo integran son pymes y startups, pero también grandes entidades consolidadas de la banca y los seguros. En la actualidad, el número de compañías que ofrecen estos servicios ronda entre las 200 y las 215, dan empleo a más de 2.500 trabajadores y captaron unos 250 millones de euros en inversión en 2016. El crecimiento seguirá siendo muy alto pero aún lejos de las cifras alcanzadas en países como Estados Unidos, China, Reino Unido y Países Bajos, países que aglutinan el 90% mundial.

marco regulatorio de las fintech en España

La clave está en proporcionar calidad a un precio inferior y acercar el mundo financiero a cualquier consumidor. El presidente de la Asociación Española de FinTech e InsurTech (AEFI), Jesús Pérez, señala que “uno de los grandes desafíos a los que se enfrenta nuestra sociedad es la distribución de la riqueza. Es complicado que esto suceda mientras el acceso a la inteligencia financiera sea algo costoso y no al alcance de todos. (…) FinTech (Finance & Technology) viene a revolucionar el mundo financiero, tal y como lo conocemos, permitiendo que el acceso a servicios financieros sea cada día más eficiente, que sea mucho más accesible y que sea mucho más transparente”.

Ambos conceptos, aunque novedosos, nacen del desarrollo tecnológico que propició la revolución digital y consiguió una más fácil personalización de los servicios, generando innovaciones que utilizamos en la actualidad, como la banca online, el pago con tarjeta y el pago con móvil, entre otras. Son por lo tanto, servicios innovadores que sitúan a los países que apuestan por ellos en la vanguardia tecnológica en los ámbitos financieros y aseguradores.

Los principales verticales FinTech, es decir, las líneas de negocio actuales, son: asesoramiento y gestión patrimonial, finanzas personales, financiación alternativa, crowdlending, equity crowdfunding, crowdlending / crowdfunding sobre activos o bienes tangibles, servicios transaccionales / divisas, medios de pago, infraestructura financiera, criptocurrencies y blockchain, insurtech, identificación online de clientes y Big Data (pp. 24 a 28)

Son cuatro los principales factores que apoyan este desarrollo: el capital, es decir, la disponibilidad de recursos; el talento de los emprendedores y especialistas; la demanda de los clientes finales; y la regulación de las administraciones.

Los tres primeros son más o menos evidentes. Existe interés por parte de los inversores, también los emprendedores están innovando de forma constante y, sin duda, los clientes utilizan los servicios que ofrecen. Sin embargo, en el terreno regulatorio y salvo la ley 5/2015 sobre crowdfunding y el portal desarrollado por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), nada más se ha hecho al respecto.

Las ventajas de regular el sector con los nuevos actores parecen evidentes, aunque no todos los especialistas estén de acuerdo con ello. La contribución del FinTech, a través de “la reducción de los problemas de información asimétrica y del aumento de la competencia”, aumenta la eficiencia del sector, como se encargan de resumir en el Libro blanco de la regulación FinTech en España. También mejora la competitividad de la industria española en este ámbito. Finalmente, los consumidores notarán una mayor accesibilidad a los servicios financieros, con una oferta más amplia de entidades, lo que supondrá “un coste directo menor y bajo comisiones más reducidas”.

finanzas o seguros y tecnología - FinTech InsurTech

No obstante, los perjuicios de no asumir medidas legales que fomenten el desarrollo de estas entidades son variadas pero se pueden concretar en dos principales: la pérdida de oportunidad y una situación de desventaja competitiva que puede “obligar” a las empresas a ubicar las sedes en otro país debido a las barreras legales.

Para evitarlo, el libro propone seguir el ejemplo inglés que, por lo visto, ha dado excelentes resultados. Habla de tres iniciativas:

  • El Sandbox, que viene a ser una incubadora de proyectos o campo de pruebas para que puedan ser probados en condiciones y por un tiempo muy determinado para ver su efectividad. Las entidades, hoy por hoy, tienen que cumplir una serie de requisitos que las pymes y startups no pueden asumir en las mismas condiciones que las empresas ya asentadas. Esta figura vendría a igualar oportunidades, según señalan en el Libro (pág. 15).

  • Unidades de asesoramiento por parte del supervisor para dar soporte en el proceso de autorización a las entidades que lo soliciten, siempre y cuando cumplan unos requisitos básicos. Además, implicaría la anulación de sanciones “durante el periodo que dure la autorización limitada”.

  • Open banking and Insurance, que implicaría fomentar el intercambio de información entre las compañías que formen parte del sector mediante “el desarrollo de una API de acceso público” y el intercambio de datos sobre clientes, bajo previa autorización de estos.

El Libro, además, pide la creación de eventos periódicos del sector y de convenciones internacionales “dando a conocer a España como un país con un entorno favorable y seguro para la implantación de entidades FinTech”, sobre todo con la salida del Reino Unido de la Unión Europea. A este respecto, también señala la oportunidad de establecer propuestas comunes y de coordinarse con los distintos estados miembros. Y, por supuesto, el que las administraciones promuevan la creación de grados y postgrados en las escuelas de negocio y universidades.

Termina el documento con la propuesta de diferentes medidas regulatorias, de interés para ser valoradas, por cada una de las líneas de negocio, incluyendo los obstáculos que se presentan.

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