La revolución en la Formación del Profesor

La formación del profesorado es algo crucial para la transformación digital del centro escolar y, yendo más allá, del sistema educativo. Los expertos señalan que la sociedad está inmersa en un cambio de época, más que en una época de cambios, que también. Este hecho conlleva una revolución en todos los ámbitos, que debería empezar por la base: la Educación.

revolución en la educación

Para situarnos, vamos a analizar qué esta ocurriendo para luego centrarnos en cómo el profesorado puede y debe contribuir en ello.

Creemos en GlobalNET Solutions que nadie puede negar la transformación de todas las estructuras que constituyen la sociedad debido a los rápidos avances en las Tecnología de la Información y la Comunicación (TIC) que han afectado a nuestra vida: cambios profundos en las empresas, vehículos y hogares “inteligentes”, conexión permanente, deslocalización, globalización, etc.

Todo ello tiene un impacto claro en cómo debería ser el nuevo homo social; alguien capaz de adaptarse con facilidad a los cambios, de reinventarse, versátil, flexible, que aprenda de forma continua. Y en el último punto está la clave. Como indican en el Libro blanco de la profesión docente, que te recomendamos leer con atención, nuestro mundo se encamina hacia una ‘sociedad del aprendizaje’”, toda una transformación que, de forma necesaria, ha de empezar en el profesorado. Es más, se hace cada vez más verdadera la frase de Doug Ross, secretario de Empleo y Formación durante el gobierno de Bill Clinton: Los nuevos pobres serán aquellos que no puedan o no quieran aprender.

El problema está en la secular falta de flexibilidad y de rapidez para aceptar los cambios del que adolece la escuela. Según destaca en este artículo de El País, escrito por el sociólogo y catedrático Mariano Fernández-Enguita, a mediados del siglo XX, P. Mort señaló que la Educación tiene un desfase de 25 años sobre la adopción de “buenas prácticas ya establecidas”. Y si eso era en una época donde los cambios se producían con cierta lentitud, imaginaros ahora hasta dónde podríamos llegar.

Así, ya no se trata de que el profesor se dedique a trasladar conocimientos sino, más bien, a que enseñe a sus alumnos a aprender y a saber hacer uso de lo aprendido. De esta forma, tal y como indican en el Libro blanco, “Los docentes debemos emprender el cambio educativo, elaborar nuestras propias propuestas teóricas y prácticas, para hacer que la sociedad sienta que la educación de nuestros niños y adolescentes está en buenas manos”.

Hemos visto la situación actual y cómo es necesaria una transformación que empieza en los propios profesores que, a su vez, debe ser apoyada y fomentada por el centro educativo, y que tendrá la responsabilidad de formar a personas que serán el verdadero motor de cambio social. Es el momento de saber qué han de hacer los docentes para conseguir que se produzca. Solo dos acciones: formación continua y reconvertirse en guías de sus alumnos, al modo de los filósofos griegos, más que en meros transmisores de saber. Para hacernos una idea, “la actividad del cerebro de los alumnos durante una clase magistral es más baja que cuando están dormidos”.

En el Libro blanco de la profesión docente, se exponen las siguientes propuestas que, desde GlobalNET Educación, abrimos al debate de todos:

  • En el aula debe converger todo el apoyo y la energía del Centro educativo, la cooperación de las familias, la interacción con otras instancias del sistema educativo –el resto de las escuelas, los centros de formación del profesorado, la inspección– y también la cooperación de instituciones no específicamente educadoras.

  • La eficiencia del sistema pasa por conseguir que las personas con más talento se interesen por la profesión docente, que esas personas reciban una excelente formación inicial y continua y, que su trabajo llegue a todos los alumnos y en todas las edades. Un sistema educativo de alto rendimiento debe alcanzar esos tres objetivos.

  • Introducir en los programas de formación del profesorado un modelo sistémico de la educación, en el que cada docente (…) tenga una visión completa del futuro educativo de sus alumnos y sea consciente de que su función educadora se realiza por dos caminos distintos: una acción directa con el alumno y una indirecta a través del entorno escolar en el que vive.

  • Debemos tener como objetivo de la formación de profesores un modelo de escuela concebida como comunidad de profesionales comprometidos en lograr el éxito educativo de todos los alumnos. (…) Para producir ese efecto de conjunto, necesitamos fortalecer la figura del director y de los equipos directivos.

  • Creación de un “Consejo pedagógico del Estado”, cuyas atribuciones quedan reflejadas en las páginas 22 y 23 del mencionado libro.

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