El Profesorado en la encrucijada I

Hace no tantos años, cuando yo era escolar, en mi aula (incluso en toda la escuela) era excepcional encontrar un estudiante que no fuese español. Por supuesto, no existía Google, ni redes sociales, ni mensajería móvil… como tampoco dispositivos móviles ni aula de informática. La labor del docente consistía fundamentalmente en transmitir los conocimientos de acuerdo al currículo; mantener la disciplina en el aula, donde pasábamos la mayor parte del tiempo sentados y escuchando; y evaluarnos, preferentemente con pruebas escritas. Mi sensación es que los docentes se sentían preparados para desempeñar estas funciones y apoyados y seguros en su labor.

En los últimos tiempos, gracias a mi labor profesional he tenido la suerte de poder sentarme con muchos profesores y equipos directivos, y escucharles con atención. Mi percepción global es que los vertiginosos cambios sociales de los últimos tiempos (no es este el lugar para repasarlos, pero están en la mente de todos nosotros) han conducido a que los docentes se sientan superados por las nuevas funciones que la sociedad les exige.

profesores superados por la multiitarea

Siguen siendo, en su mayor parte, profesionales entusiastas, ilusionados, entregados y fuertemente comprometidos con su trabajo, pero en muchos casos el desfase entre su preparación y los nuevos retos que se les plantean acaba bloqueando su iniciativa y poniéndoles a la defensiva, en una especie de callejón sin salida. Diría que se saben en una encrucijada, parafraseando el último libro de Fernández Enguita, “La educación en la encrucijada”.

Actualmente a las labores que ya venían desarrollando se les han unido otras muchas, a modo de muestra: atender a una creciente diversidad en el aula; impartir un currículo cada vez más extenso, desactualizado y en gran medida descontextualizado, al que se han añadido elementos como las “competencias clave” sin apenas formación sobre cómo integrarlas en su docencia; fomentar el desarrollo emocional de su alumnado; estar alerta ante el bullying y el ciberbullying; implementar y utilizar las TIC, ámbito en el que habitualmente la preparación de su alumnado es mayor que la suya; implicar a las familias; promover la convivencia y educar para la no violencia; cumplimentar toda una serie de documentos que se les exige desde la Inspección (entre otros, programaciones, estándares de evaluación, planes de convivencia, PEC), etc. Y todo ello en un contexto de política educativa cambiante en función del color de los sucesivos gobiernos, que afecta a la gran mayoría de los aspectos mencionados, aparte de a su propia profesión docente (el Estatuto del Docente lleva dando vueltas desde 2008). No es de extrañar, siendo un poco empáticos, que sus reacciones sean, en muchos casos, de angustia o rechazo hacia nuevas propuestas que perciben como “más leña al fuego”.

Y, sin embargo, como deja bien claro la literatura de investigación sobre el tema, el profesorado es la CLAVE DE BÓVEDA de la calidad del sistema educativo y el elemento fundamental para que cualquier reforma pueda tener algún viso de llegar a las aulas. Parece pues evidente la necesidad de una reflexión profunda sobre qué necesitan, cómo se les puede ayudar desde los diferentes actores de la comunidad educativa y de la política en este ámbito. Es imprescindible buscar salidas a esa encrucijada escuchándoles y consensuando con ellos caminos para explorar. Nos va mucho en ello. Lo bueno de las encrucijadas es que pueden traer tiempos nuevos…

Ángel Ariza Cobos

Psicólogo

Experto en políticas educativas transnacionales y aprendizaje competencial

Director de Educación de GlobalNET Solutions

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